
La película empezaba así: En un lugar obscuro (pero no tanto) con escaleras estrechas (aunque no tan estrechas) alguien asomaba la cabeza por una ventana, enseguida la cabeza desaparecía del marco de la ventana para luego dejar ver, a través del marco de la misma ventana, como un gato negro (aunque no tan negro) salía volando con sus cuatro patas al aire, la filmación comenzaba en una azotea y eran dos días de rodaje. La película nunca se terminó, porque tampoco nunca comenzó. Las crónicas del piso no serían lo que son, sin sus componentes patafísicos, no llegamos a sátrapas pero hubo un día que nos sabíamos casi de memoria la jerarquía imaginaria. El jueves próximo en Buenos Aires, habrá jornadas de patafísica y un taller, no podré ir, porque no tengo bicicleta.
