
Había un gran muro blanco ― desnudo, desnudo, desnudo,
contra el muro una escalera ― alta, alta, alta,
y en el suelo un arenque ahumado ― seco, seco, seco.
Él llega, llevando en las manos ― sucias, sucias, sucias,
un martillo pesado, un gran clavo ― puntiagudo, puntiagudo, puntiagudo,
un ovillo de bramante, ― grueso, grueso, grueso.
Entonces sube a la escalera ― alta, alta, alta,
y clava el clavo puntiagudo ― pam pam, pam pam, pam pam,
en lo alto del gran muro blanco ― desnudo, desnudo, desnudo.
Suelta el martillo ― que cae, que cae, que cae,
ata al clavo el bramante ― largo, largo, largo,
y , en la punto, el arenque ahumado ― seco, seco, seco.
Baja de la escalera ― alta, alta, alta,
se la lleva con el martillo ― pesado, pesado, pesado,
y luego, se va a otra parte ― lejos, lejos, lejos.
Y, después, el arenque ahumado ― seco, seco, seco,
en la punta del brámate ― largo, largo, largo,
muy lentamente se balancea ― siempre, siempre, siempre.
He escrito esta historia ― simple, simple, simple,
para enfurecer a las personas ― serias, serias, serias.
Y divertir a los niños ― pequeños, pequeños, pequeños.
De Charles Cros. Francia. (1842.1888) Tomado de la Antología del Humor Negro de André Bretón.








